El transhumanismo se anuncia hoy con timidez, acaso como un rumor; hay pocas referencias todavía en la vida cotidiana. Sin embargo en un par de años, cinco a lo sumo, se convertirá en el tema de moda. Más adelante, tal vez en una década, será sencillamente la base estructural del mundo en el que viviremos.

Los avances tecnológicos no es que estén revolucionando la sociedad, es que están preparando el próximo paso evolutivo del ser humano. Ya no es si sucederá o no que la robotización trasformará el mercado laboral, o si habrá ordenadores superinteligentes, o si seremos los últimos especímenes del homo sapiens sapiens; la única duda es cuándo pasará.
O sea, si todo esto lo veremos nosotros o nuestros nietos.
Para un optimista como Ray Kurzweil, el teórico de la Singularidad, estamos en los albores de un crecimiento exponencial radical del conocimiento, ya que los ordenadores están a punto de entrar en una espiral de automejora que les llevará a proporcionarnos unos saberes tales que transfigurarán completamente nuestra existencia, y para mediados de este siglo los humanos acabaremos eternos e incorpóreos fusionados con las máquinas.
Sus detractores del mundo científico ríen y dicen que Kurzweil va muy rápido, que es una barbaridad, que eso pasará, pero en aproximadamente cien años. Lo que provoca cierta perplejidad. La mitad de los niños que nacen hoy en Occidente vivirán cien años; es un hecho que ésta es hoy ya la esperanza de vida. Es decir, que en el escenario más pesimista con respecto a los tiempos transhumanistas los adultos actuales estaremos criando malvas, pero los chiquillos que juegan ahora en los parques de nuestros barrios lo van a vivir de pleno. Así que pensar que estos desafíos nos resbalan porque no nos van a tocar es un ejercicio de mediocridad y egotismo.
Hay desde luego consenso; el mundo que vivimos tiene los días contados. Por lo que hay que prepararse para un nuevo cambio civilizatorio, independientemente de lo mucho que nos adentraremos en él por la edad.

Para ir oteando el futuro hay dos libros reseñables en el mercado:

El primero es La revolución transhumanista de Luc Ferry. Hay que decir que no es un buen libro. Parece un pastiche de artículos de revista alargados. El autor opina demasiado y mezcla sin mucha credibilidad una disquisición sobre la economía colaborativa con el transhumanismo. Pero aun así es claro y legible, una aceptable puerta de entrada en la materia.
Ferry nos repite como un mantra durante todo el texto que en Europa nadie se está planteando esta cuestiones, que aquí se conmemoran glorias históricas y hay debates políticos decimonónicos mientras que en Asia están cogiendo velocidad para adaptarse a lo que vendrá. Este déficit, nos dice, es en parte culpa de cierto pesimismo cómodo europeo que consiste en estar siempre lamentándose, siempre sollozando porque el progreso es malo, la tecnología es diabólica y como mejor se vivía era colgado de la teta materna.
El otro libro es bastante mejor; Transhumanismo de Antonio Diéguez. El autor es un profesor de la Universidad de Málaga que por lo que se ve en esta obra, y en los vídeos de youtube, parece saber bastante. Escribe bien, es pedagógico y sobre todo es nítido en sus exposiciones. Tiene capítulos muy definidos dentro de una unidad coherente. No hay jerigonza heideggeriana ni argumentos enrevesados. En muy diciente que utilice a Ortega y Gasset, paradigma de pensador claro, para sustentar sus afirmaciones.
Si el libro tuviera cien páginas más sería casi una obra definitiva, al menos en nuestro idioma. Diéguez es joven y seguramente este libro será de calentamiento. Esperemos que nos siga informando.  Por el momento es uno de nuestros mejores divulgadores.