La Inmortalidad es el Propósito de la Vida

©Santiago Ochoa

Asociación Transhumanista Venezolana

 

Existen muchas teorías de cómo se crearon las primeras células en nuestro planeta hace como cuatro mil millones de años. Algunos piensan que cadenas de ARN se formaron primero y comenzaron a replicarse para formar proteínas que a su vez crearon los componentes básicos de la célula, como son la membrana y el ADN. Otros piensan que las membranas celulares se formaron primero y el ARN, el ADN y todos los demás componentes se desarrollaron internamente. Finalmente, algunos pensamos que lo más probable es que las cadenas de ARN y las membranas celulares se formaran por separado y luego se unieran por un proceso simbiótico.

Independientemente del proceso por el cual se formaron, cuando aparecieron las primeras células, no es posible que ya tuvieran la capacidad para reproducirse, considerando que el proceso de división celular es bastante complejo y requiere de variados componentes internos funcionando en conjunto. Un metabolismo y una replicación interna tuvieron que existir antes de que se formaran los primeros genes con información de cómo dividir o clonar la célula completa. Mientras tanto, todo lo que la célula primitiva podía hacer era permanecer viva el mayor tiempo posible hasta que algún factor ambiental desfavorable la matara. El intento inicial era crear organismos que vivieran por siempre, se adaptaran y mejoraran mediante cambios y desarrollos de sus componentes internos (replicación interna del ARN, proteínas, etc.) pero las primeras células eran débiles y su desarrollo era lento. Por factores ambientales y el deterioro natural de la materia orgánica, éstas se destruían y sus moléculas se repartían. La vida orgánica durante esta etapa no podía sobrevivir sin un proceso reproductivo.

Después de varios intentos fallidos de crear organismos inmortales, y gracias a la simbiosis entre cadenas primitivas de ADN (parecidas a los virus que no pueden reproducirse por si solos) y los coacervados (que no pueden reproducirse por no poseer ADN), hace como 3800 millones de años, se produjeron las primeras células con capacidad para clonarse. Aquellas que se clonaban más rápido que lo que eran destruidas lograban aumentar su población y heredaban sus genes a sus descendientes. Las lentas simplemente se extinguían. Por los mismos factores ambientales y el deterioro natural de la materia orgánica que no permitía que los organismos originales fueran inmortales, ocurrieron mutaciones en estas células y, al reproducirse, creaban células distintas a las originales. Las más aptas sobrevivían hasta que se crearon las primeras colonias de bacterias. La reproducción fue el único método de supervivencia de la célula ya que la inmortalidad en estos momentos no era viable.

Un proceso similar ocurrió cuando se crearon los primeros organismos multicelulares. Primero, hace aproximadamente 2000 millones de años algunas colonias de células evolucionaron en eucariotas mediante la formación de un núcleo interno que protegía su material genético. Es probable que esto haya sido otro proceso simbiótico en que algunas células más grandes absorbieran a otras más pequeñas, convirtiéndose estas últimas en el núcleo de las primeras. Seguían siendo organismos unicelulares pero su núcleo hizo posible que 800 millones de años más tarde algunas de estas células se convirtieran en multicelulares.

En lugar de dividirse en células independientes, las células eucariotas desarrollaron una estructura celular que mantenía a sus células hijas como partes de un mismo organismo. De esta manera las células individuales se transformarían en grupos de células más aptas. Con cantidades grandes de células, se formaban subgrupos funcionales encargados de la alimentación, la defensa, los sentidos, el movimiento, y otras actividades. Si estas tareas se realizaban exitosamente, a tal punto de evitar que el ambiente destruyera al nuevo organismo multicelular, éste podría llegar a ser inmortal. Este método tuvo gran éxito en ciertos organismos como algunos árboles que pueden llegar a vivir miles de años pero, nuevamente, los mismos factores ambientales y el deterioro natural de la materia orgánica que no permitió a los organismos unicelulares ser inmortales, se impuso sobre la inmortalidad de los nuevos organismos multicelulares. Adicionalmente, cuando los grupos de células realizaban una tarea conjunta, todo el grupo se hacía vulnerable porque dependían unos de los otros. Si demasiadas células importantes morían, el organismo completo moriría. Una vez que las células se replicaban para formar grupos, éstas se diferenciaban y perdían su habilidad para sobrevivir solas. Además, las células no podían replicarse para siempre cuando realizaban una tarea en común. A diferencia de las colonias de bacterias, las células funcionales tienen que mantener un tamaño y forma específicos. Si las células se empiezan a replicar indefinidamente, como lo hacen las bacterias, se forman tumores y el organismo puede morir. Por esta razón las células se programaron para dejar de dividirse luego de una cantidad determinada de generaciones; si esta programación falla, se genera un tumor cancerígeno.

Es posible que muchos de estos organismos no pudieran reproducirse y eventualmente morían, pero muchos habían mantenido inalterable un subgrupo funcional con las propiedades originales de su célula madre. Era sólo cuestión de liberar una de estas células para que automáticamente se creara otro ser idéntico a ellos. Otros métodos más eficientes también competían por una mejor adaptación al medio ambiente, como lo es la reproducción sexual, la cual, al liberar células con sólo la mitad de la información genética, se unían a células similares con una información complementaria pero distinta. Al generarse más variación que la producida por simple mutación, aumentaba la probabilidad de encontrar una combinación exitosa.

Durante los últimos 3800 millones de años la reproducción ha sido el único método para mantener vivas a las especies de organismos multicelulares. Mientras más organismos nacen, más organismos sobreviven más allá de su edad reproductiva y la especie no se extingue. La vida individual de cada organismo carece de importancia con tal de que se reproduzcan y la especie sobreviva. Incluso la muerte se ha programado en el ADN de los organismos ya que al morir, los organismos más viejos no compiten por los recursos de los más jóvenes. La especie ha pasado a ser el nuevo organismo inmortal por el que los individuos mueren para mantenerla viva pero, incluso así, algunas especies que no logran reproducirse antes de morir también se extinguen. La evolución tuvo que producir una mejor manera de evitar la muerte.

La inteligencia: el nuevo factor de supervivencia

Entre los métodos de adaptación de estos organismos a las nuevas condiciones ambientales estuvo la creación de un sistema nervioso central, el cual hizo a algunas especies más inteligentes. Con esta inteligencia es ahora posible defenderse mejor de las amenazas del ambiente. La reproducción masiva sigue siendo un buen método de supervivencia pero la evolución encontró una forma aún mejor: tener menos hijos pero cuidarlos lo mejor posible para que estos no mueran antes de reproducirse. Ya no es sólo la cantidad sino también la calidad de vida de los individuos de la especie el factor de supervivencia.

Los biólogos usan inclusive una escala-r/K donde se clasifican a las especies por su método de supervivencia: selección-r para más reproducción y selección-K para más cuidado. Las especies que responden a la selección-r no cuidan a sus crías pero tienen miles de ellas y sobreviven por cantidad; las especies que responden a la selección-K se preocupan por la calidad de vida de sus crías y no tanto por reproducirse. Todas las especies se encuentran en algún punto intermedio entre la selección-r y la selección-K. Las bacterias y los insectos responden más a la selección-r y los mamíferos respondemos más a la selección-K. Es interesante notar que mientras más grande y desarrollado es el sistema nervioso central de una especie, ésta tiende más hacia el extremo K de la escala. Además, la evolución parece estar dirigiéndose en la dirección de la selección-K: los organismos multicelulares son más K que los unicelulares, los reptiles son más K que los insectos, los mamíferos y los pájaros son más K que los reptiles, y los primates son más K que los roedores.

Teóricamente el siguiente paso en la evolución pareciera ser una especie que respondiera 100% a la selección-K y 0% a la selección-r. Ésta no se reproduciría y, por consiguiente, para sobrevivir, cada individuo tendría que ser inmortal. Para que una especie pudiera llegar a este grado de cuidado tendría que ser extremadamente inteligente y así poder defenderse de las amenazas ambientales y preservar sus funciones internas intactas reparando el deterioro molecular. Además, tendría que incorporar un sistema inteligente de modificación interna que le permitiera adaptarse a cambios ambientales sin necesidad de reproducirse.

Sólo una especie posthumana podría llegar a tal grado de desarrollo. Claro que no todas las especies posthumanas elegirán ser 0% selección-r. Algunas querrán seguir reproduciéndose e inclusive crearán descendencia artificial. Si esta descendencia es liberada o separada física y mentalmente de su creador, será considerada un nuevo individuo, pero si se mantiene unida a su creador, sólo será una extensión del mismo individuo.

¿Cómo llega una especie a tal grado de inteligencia y entendimiento como para convertirse en posthumana? El factor principal es el conocimiento, teórico y práctico, de su propio proceso evolutivo. Cuando una especie llega al grado de inteligencia y desarrollo cultural como para poder entender su propia evolución, se convierte en especie transhumana y está en camino a convertirse en posthumana. Pero tiene que pasar por dos etapas más: la manipulación de sus genes y, finalmente, la creación de procesos evolutivos artificiales. (Cuando utilizo las palabras “transhumana” y “posthumana” no necesariamente tiene que ser una especie que es o fue humana, también puede ser una especie que tuvo el nivel de inteligencia y cultura equivalente a un humano pero que ahora evolucionó a un nivel más alto. Está más allá que el nivel humano. Especies extraterrestres, por ejemplo, pueden haber pasado por este mismo proceso evolutivo aunque nunca hayan sido humanas.)

En la historia de la humanidad fue la teoría de la evolución de Darwin la que marcó el comienzo de este proceso de cambio al permitirnos comprender teóricamente el proceso evolutivo. Claro que pasó mucho tiempo para que realmente entendiéramos como funcionaba este proceso a nivel molecular. Fue el descubrimiento del ADN por Watson y Crick el que inició la revolución biotecnológica que nos ha permitido entender y manipular nuestra propia evolución.

Finalmente estamos entrando en la última etapa que es la creación de procesos evolutivos artificiales. Existen varias formas de hacerlo: por imitación del proceso natural o diseñando procesos nuevos; por programación virtual de algoritmos evolutivos o por programación molecular de organismos sintéticos. La manipulación genética y la creación de procesos evolutivos artificiales, junto a la inteligencia artificial, nos permitirán crear cualquier cantidad de vidas posthumanas y también podremos evolucionar para llegar a ser una de ellas.

Nuestras células no pudieron ser inmortales pues no tenían la inteligencia para modificarse a si mismas, pero pudieron crear seres con la capacidad de hacerlo. No la desaprovechemos.