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Un humanoide de la película 'Yo, Robot'.
Archivo EL TIEMPO

Septiembre 3 de 2004
Transhumanistas aseguran que la especie, hoy en día, representa el principio de la evolución

Tal vez no tendremos que esperar 500 años para que se cumpla lo que Huxley imaginó para el 2500 en ‘Un mundo feliz’, de 1932.

No está distante ese mundo donde no existirán enfermedades, dolor o vejez y se utilizarán la genética y la clonación para el control de los individuos, donde los niños nacerán en laboratorios y serán condicionados para pertenecer, sin rebelarse, a alguna de las cinco categorías: los ‘alas’ (la élite), los beta (ejecutantes), los gammas (empleados subalternos) y los deltas y los epsilones (destinados a trabajos arduos). Ese mundo donde, según Huxley, habrá cárceles sin muros y la esclavitud será amada, gracias a que seremos sometidos a un sistema de consumo y entretenimiento.

Ese mundo nos pisa los talones. La clonación es hoy realidad, el consumo – espina vertebral de las sociedades– y los sistemas masivos de entretenimiento se reproducen en la hipnotizante cadena de los videojuegos, en parques artificiales y centros comerciales que se ‘reproducen’ en serie por el mundo. Además, con el acelerado avance de ciencia y tecnología, enfrentamos como especie el desafío de redefinir nuestra identidad. Si antes, gracias a la filosofía clásica y a los esfuerzos de la taxonomía en biología, se definía a un individuo como “un organismo cohesionado que ocupa una única región espaciotemporal que le pertenece de forma exclusiva”, hoy las cosas no son así de claras. Se está alterando la identidad humana y se empieza a hablar de posthumano.

Podríamos empezar por preguntarnos, por ejemplo, si anteojos o implantes cocleares empleados por alguien que no ve o no oye, son o no parte de ella o si sería la misma si no los tuviera. También si cualquier implante que mejore nuestra calidad de vida o altere el curso de una enfermedad hereditaria pasa a hacer parte de nuestra identidad. Cada vez es menos clara la frontera entre lo que realmente somos como especie y lo que incorporamos a nuestros cuerpos por avances científicos. “Se está alterando nuestra identidad”, reiteran investigadores de la Asociación Transhumanista Mundial, organismo interdisciplinario que se fundó hace seis años en el mundo y que comenzó a funcionar en Colombia y América Latina en los últimos tres.

“Hoy nos enfrentamos a un ser humano diferente al de otros siglos. Actualmente, a través de ciertos dispositivos e implantes neuronales, por ejemplo, el hombre del siglo XXI puede potencializar su visión, oído y otros sentidos. Además, se está a punto de detener el envejecimiento. Estamos entrando en una era totalmente nueva de la historia. Podemos usar medios tecnológicos que, con el tiempo, nos permitirán ir más allá de lo que la mayoría describiría ahora como humano”, admite el ingeniero Hernando Ramírez, investigador del Instituto de Biología Molecular de la Universidad del Bosque en Bogotá, miembro del capítulo colombiano de la Asociación.

Como en la famosa serie de televisión de los 70, podría decirse en consecuencia que hoy todos tenemos posibilidad de convertirnos en un prototipo del hombre nuclear. Hoy existe la posibilidad de curar enfermedades como el mal de Parkinson, que afecta a casi el 2 por ciento de la población mayor de 65 años, mediante el implante en el cerebro de neuronas humanas producidas en laboratorio, como anunciaron a mediados de agosto científicos del Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York. Lograron crear, a partir de células madre, neuronas capaces de segregar dopamina, neurotransmisor cerebral ausente en el Parkinson, lo que podría poner fin a esa enfermedad. También estaría cercana la posibilidad de “disfrutar de una mayor diversidad de emociones, de felicidad constante y de estimulantes experiencias cada día, mediante el rediseño o el enriquecimiento farmacológico de nuestros centros de placer”, según la Asociación. En un futuro próximo enfrentaríamos también, de acuerdo con el organismo, la posibilidad de una inteligencia artificial. Se construirían nuevas herramientas cognitivas que combinarían la inteligencia artificial con nuevos dispositivos.

Todas esas posibilidades, y el abanico de interrogantes que plantean el avance tecnológico y su aplicación al hombre, han gestado la concepción de posthumano y transhumanismo, movimiento que “centra su interés en el ser humano y acepta los métodos racionales del humanismo como la promoción de educación, libertad, tolerancia y democracia pero que apoya, principalmente, la utilización del progreso científico en mejorar la calidad de vida, que se basa en la premisa de que la especie no representa el fin sino el principio de la evolución”, según Ramírez.

Los transhumanistas apoyan la discusión pública y la investigación sobre profundos interrogantes científicos, sociales y éticos que generan nuevas tecnologías de ingeniería genética, tecnología de la información, farmacología y las que se encuentran en fase experimental como la nanotecnología, la inteligencia artificial y la colonización espacial, y exploran, además, riesgos y beneficios que traería su aplicación en el hombre con el propósito de desarrollar políticas que permitan a sociedades e individuos navegar por las inciertas aguas del futuro. La prioridad del transhumanismo, sin embargo, “no es lograr que el ser humano viva 200 años sino que viva con calidad los mismos 60, 70 o más, sin la depredación física y mental del envejecimiento, que estamos a punto de controlar y detener con la obtención del genoma humano. También, llegar a controlar enfermedades como cáncer o Parkinson mediante la nanotecnología, o sea la manipulación de la materia a escala molecular, que busca tratar directamente la enfermedad a nivel de nanómetros –o la millonésima parte de un milímetro– lo que equivale, más o menos, al espesor de cinco átomos”, según Ramírez. A través de la nanotecnología “también se pueden crear agentes bioelectrónicos que serían instalados en el cuerpo a través de la corriente sanguínea y ubicados en el foco de la enfermedad para combatirla genéticamente. La nanotecnología tiene potencial para crear abundantes recursos para todos y darnos control total de nuestras reacciones bioquímicas, lo que permitiría eliminar la enfermedad”.

En la actualidad ya se aplica, propuesta por Eric Drexler en su libro Engines of Creation, que plantea la fabricación de máquinas autónomas y autorreproductoras que utilicen moléculas como piezas de maquinaria, capaces de manipular la materia a nivel molecular igual que a nivel macroscópico. No obstante, hay temores sobre el empleo irracional de estos avances en el hombre. Algunos investigadores admiten que algunas de estas tecnologías u otras venideras podrían causar grandes males a la vida humana; incluso, podrían poner en riesgo su supervivencia y, aunque de momento, son posibilidades extremas, están siendo tomadas muy en serio por un número cada vez mayor de científicos y pensadores sociales.

Por Gloria Helena Rey